martes, 23 de agosto de 2016

Estrómboli (Jon Bilbao)



Pues estamos de regreso y qué mejor, pese a continuar en agosto, que un título que evoque isla ¿no?. Hablemos de Estrómboli el conjunto de relatos publicado por Impedimenta y que nos presenta a Jon Bilbao como uno de los cuentistas más interesantes del panorama nacional. Piezas que sin preámbulos, flotador o bolla nos sumergen en realidades y lugares de lo más variopintos. 

Para empezar asomaremos en el preciso instante de la lavandería en que un chico amonesta a un motorista por husmear en las bragas de su novia (literal), situación tan peculiar como los devenires que llevan al desenlace de esta historia. Tras la primera inmersión continua Bilbao en otro río, el de dos amigos que buscando y soñando con oro pierden en el camino algo mayor al preciado metal. Y es que, como nos recuerda el tercer relato, Siempre hay algo peor, por ejemplo inmiscuirte en trabajos sucios que te lleven a pensar que la sangre lo presagiaba o celebrar una boda coral en invierno y que nada resulte como esperabas. 

Estos relatos no hablan en un idioma desconocido pero aproximan a lo científico y al empleo del ingeniero en una planta nuclear porque, como se nos explica en su sexto relato, para ganarse la vida algunos hacen hasta por revolver el estómago propio y ajeno. Podríamos tomar como enseñanza el penúltimo, tener en cuenta a los demás.

Te habría dado eso y todo lo que hiciera falta, dijo. Te habría dado el peso de tu hijo en oro.

Si algo tiene de bueno la lectura de relatos es su poder para intercalar. Podéis leer estas narraciones a mitad de otras lecturas largas, podéis volver para oxigenar, podéis recalar o saltar al siguiente pero lo que no podéis es dejarlos sin acabar. Atmósferas singulares y líneas inesperadas serpentean Estrómboli para rematar con interpretaciones de lo más divagantes. 

Terminé cada historia en fórmula de pregunta y es que en lugar de pretenciosas moralejas Bilbao nos introduce en mitad de relato y nos convierte en partícipes de la composición final para despacharte y que tu completes. Supongo que ese desapego final y la aparente (que no real) facilidad en que se expresa nos empujan a seguir leyendo. Si no estás seguro, al menos concédete uno (preferiblemente de los primeros) es la mejor forma de probar. 

En fin, que antes de ensoñar con castigos necesarios o de viajar a islotes en medio del mar, os recomiendo leer estos ocho relatos, para deambular por vidas y milagros que también nos alejan de la cotidianidad.   

En realidad, dijo ella, no importaba en qué situación estuviésemos, ¿verdad? Aunque hubiera sido mucho peor, aunque hubiéramos estado al borde la ruina... 
Nos acercábamos a la ruina. 
No es cierto. Y escúchame: aunque hubiéramos estado peor de lo que estábamos, tampoco habrías creído que el sacrificio merecía la pena. Crees que tu familia no merece el esfuerzo.  
Jon Bilbao (Estrómboli)

viernes, 29 de julio de 2016

Vacaciones




Una breve aparición para colgar el cartel de cerrado. 
Descansar, ir a la playa, pasear, salir, entrar y leer. 
Leer para volver. 
Nos vemos por las redes. 


lunes, 25 de julio de 2016

Mi impresionante carrera (Miles Franklin)


Una novela campestre, eso pensé cuando paseaba la vista por el estante. No me pregunten cuanto llevaba ahí colocada, lo ignoro, pero esta es una colección que me gusta seguir, la de Rara avis, que en esta ocasión hace honor a su nombre con una protagonista que se presenta tal que así, rara. 

Miles Franklin le pidió a Henry Lawson, un escritor, que digo..., ¡uno de los poetas más conocidos de Australia! que leyera su novela, quien dice Milles (la autora) dice Sybylla, porque lo que vino a contar fue su propia vida, o precisando, su juventud por medio de este álter ego, Sybylla. 

Lawson no lo pudo evitar, leyó tres páginas y quiso saber a donde le llevaban y si le pasó a él, a mi también. Esta obra se publicó por primera vez en 1901 por mediación de este señor y se trata de un clásico de las letras australianas. Fue escrito por una adolescente y publicada cuando la chica contaba con apenas veintidós años. Hechas las presentaciones cabe citar: 

"Esta historia no tiene trama alguna porque mi vida no la ha tenido ni, que yo sepa, la ha tenido ninguna vida. No obstante, sí que pertenezco a cierta clase de personas: las que no tiene tiempo para introducir una trama en su vida pero hacen todo lo posible por cumplir con su deber sin regodearse en semejantes lujos."

Con un prometedor impulso empieza esta historia dividida en capítulos no demasiado extensos en los que acompañaremos los sinsabores de Sybylla. Empezando por hacernos una composición del lugar y gentes, la de su familia. Un padre algo atolondrado, bebedor y poco práctico que lleva a toda la parentela de ruina en ruina. Ella, una joven con mucha energía y perspicacia se sentirá hastiada, de quien le tocó ser, de donde le tocó vivir, de qué malhadado momento es este para la mujer. Su mayor aspiración y también conflicto es la de pensar que hay posibles. 

Pese al anuncio de que no hay trama sí que tiene linealidad, acompañaremos a la joven en cuatro momentos significativos de su vida. El meollo son los años que le tocó vivir pero además dramatiza que da gusto, nada menos que por sentirse fea y a su vez diferente, diferente hasta el final.

Esta historia se lee con diversión ya que son muchas las ocasiones en que el carácter y la impropiedad de Sybylla sale a relucir, aunque no siempre sea defendible. Terquedad, sarcasmo e incontinencia verbal componen un cóctel festivo pero la fiesta no es eterna. Hay pasajes que se viven como un Orgullo y prejucio en otras latitudes. Todo el mundo enfrascado en la necesidad de casar, en la pertinencia de pescar marido, tanto es así que por un momento dudas y hasta la historia languidece pero no, si algo se puede decir de la autora es que era de convicciones feministas, me ha recordado a la novela ya reseñada de Gissing. La cuestión es que sigues y lo bueno es que remonta.

Nada más terminar mi sensación es ambivalente. Es el tipo de lectura que te salva unas horas pero que también da una mijita rabia. Podría haber estado más centrada, como digo, en algún tramo parece decaer (no sé si de ahí el anuncio de la autora de la carencia de trama) podría haber sido más pulida..., pero cuando pienso que la escribió una adolescente, que la publicó a semejante edad (lo recuerdo, 22), en los inicios del siglo veinte y que se mantiene como referente en aquellas tierras, en fin, pensar en todo ello me hace frenar.

El siguiente paso fue averiguar más detalles de la autora, que entre otras, dejó su patrimonio a la convocatoria de un premio literario que lleva su nombre. Publicó más obras y muchas bajo seudónimo. No hay que perder de vista que no es ficción pese a que en algún momento lo parezca, que no es de amor aunque lo atraiga, que no es imposible sino real. En definitiva, se trata de una lectura que me ha hecho disfrutar y callar. Con eso me quedo. 

En realidad comprendí que era una niña bastante agradable, hasta que cobré conciencia de una espantosa verdad: ¡era fea! Esa verdad ha amargado toda mi existencia. Me depara días y noches de dolor. Es una herida abierta que no se cerrará nunca, un trasgo lúgubre al que nada va a asustar. Y junto a esa infernal marca a hierro eché fama de ser muy lista. ¡Peor, mucho peor! ¡Chicas!¡Chicas! [...] si intuís que os aqueja el mal de tener algo más que una inteligencia normal y corriente, disimulad, ponedle un cepo a vuestra cabeza, estudiad la forma de parecer poco listas; es vuestra única oportunidad. Si una mujer es guapa se le aceptan todas sus carencias [...] a una mujer poco agraciada nada se le perdona. Su destino es tal que los padres de las niñas feúchas deberían sentir impulsos de darles muerte ya al nacer. 
 Miles Franklin (Mi impresionante carrera)

jueves, 21 de julio de 2016

Los clásicos son para el verano

¿O no? Eso me preguntaba el otro día. 




Las expectativas cumplen la función de hacernos idea, preparar el cuerpo, anticipar, "por si acaso tal", en definitiva, nos adelantamos a lo que está por venir. Ahora bien, si algo se le da de lujo a las expectativas es incumplirse. Son así, les gusta sorprender. De eso quiero hablar de expectativas y aciertos. 

En estas fechas me he ido topando con distintos artículos sobre lectura veraniega. Algunos nos recuerdan que la cultura también es para el verano, nos hablan de cine al aire libre, de conciertos, de teatro, en definitiva de todas las opciones que el buen tiempo facilita, inclusive la lectura estacional; otros se ponen agoreros y señalan los datos del CIS: el 40% de los españoles no ha leído un libro en los últimos doce meses (catastrofismo aquí). Algunos renuevan la cantinela de que si hay una canción del verano también debe sobresalir un bestseller y entre las miles de recomendaciones encontramos listas variopintas como esta, la rescato por hablar de tres grupos de libros, los que me interesa comentar en este post: 

Superventas, rarezas y grandes obras literarias. 

Superventas: Se incluyen apuestas a caballo ganador, libros de autores reconocibles y reconocidos en este ámbito, historias de rápida ingestión y largo olvido, la continuación de... con sus fajas correspondientes, su enganche visual y su objetivo claro, entretener y hacer de la eterna tarde de verano una corta estancia en el sofá (o que te recalientes sin darte cuenta hasta el siguiente chapuzón). 

El lema es: Lector ocasional, si lees un superventas aciertas pero haz el favor y lee. 

Rarezas: Es univoco, el que es raro durante el año sigue siendo raro bajo sombrilla. Cierto es que el discurrir neuronal se enlentece en estas fechas pero no hay de otra, si no es algo sesudo por lo menos que sea raruno. 

Lector raruno, no te vayas. Acierta y lee. 

Ilustración de Frenando Vicente en Babelia



Grandes obras literarias: Aquí quería yo llegar, este verano, una vez más, se insiste en la lectura de clásicos, en que es el momento para leerlos, que los grandes tochos (entiéndase como libros gordos de Petete) y las grandes obras (esos que deberías leer al menos una vez en la vida) encuentran cabida en estas fechas, que es el momento, que lo leas ¡YA!. 

Lector indeciso, te explico, clásico=acierto. ¡Lee! 









Podemos concluir que en verano nos animan a zambullirnos y nos prometen disfrutar, pero no hay fórmulas, nada garantiza que vayamos a dar con nuestro libro ideal (aunque exista una app). Tan solo contamos con dos evidencias: para cubrir expectativas habrá que probar y para acertar habrá que leer. Así que... ¡al agua! 

PD: Se incluirían más tipos de lecturas para el verano pero por cuestión espacio-temporal lo dejamos en esos tres grupos, la cuestión es que busquen, lean y sobre todo recomienden.

lunes, 18 de julio de 2016

Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café (Isaac Pachón)



Lo que puede dar de sí un café, ¡señor!. Me tocó este libro en un sorteo organizado por Serendipia. La afortunada ganadora de un ejemplar digital, esa era yo, para luego pasar a la sorprendida lectora de un libro de relatos y microrelatos.  

Cosas... 

Inician una dedicatoria y una disculpa, a Saint-Exupéry, a su manera y a los jóvenes. Continúa una introducción, se nos resuelve la primera duda, el porqué se titula Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café y con curiosidad lo remata un prólogo, ¿esto qué es? una gran complicidad, al menos así lo parece, al menos así me llegó este abrir de boca. Lo siguiente era empezar. 

Escribir

Me ha gustado, así, en genérico. Lo que más valoro de este libro es el sello personal. El autor consigue hacer cómplice a quien lee no solo de sus historias sino de la visión. Por eso aplaudo. Por eso y porque lo empecé curioseando y terminé buscando el lapso para continuar (no me gusta leer los relatos seguidos). 

Café

Hablando en los términos, si es café para mi está azucarado pero como en todo, hay gustos, y da igual que lo tomes solo y amargo, consigue embaucar y como digo, por eso aplaudo, dejo la taza y leo, dejas el vaso y sigues. Lo sé, soy reticente, descreída, poco dada a dejarme llevar pero aparco mis opiniones para dejarle que cuente; puede que no pensemos lo mismo pero disfruto, tiene su aquel y suena hasta bien, hay musicalidad. 

Hasta que se enfría

La cuestión es que son bastantes, 28 y cuando pasas los primeros quieres más y acierta en el orden porque convencen pero luego te vuelves exigente y ya no te sabe igual. Digamos que en el compendio no todos llegan al mismo puerto, lo bueno es que cuando atraca vuelve a brillar y que cierra con nuevas historias para colgarlas en marco. 

En resumen

Pachón utiliza gestos cotidianos, salva momentos anodinos para hacerlos emblemáticos. Consigue en pocas líneas y sin grandes florituras ubicar al lector y querer la compañía de sus personajes. Habrá de toda clase y condición, también algún comprimido de fórmula más corta. Lo hará con espontaneidad, con frescura, haciendo que todo cobre sentido cuando termina. 

Por finalizar

Estamos en fechas estivales en las que la gente pide el pie de playa, el borde de piscina, el café con hielo o al menos que todo pase como si no pasara, simplemente disfrutar. Pues bien, este es un buen libro para ello. Arranca alguna sonrisa cómplice, hace algún guiño sutil, le da sentido a enigmas del día a día. Por pedir, hubiera pedido que todos me llegasen por igual pero no he contado con esa suerte, tampoco es, ni mucho menos, decepción. Ha sido una grata compañía y una sorpresa leer estos relatos. Creo que harán las delicias de más de un lector. Me quedo con algunas de sus historias como Cruda irrealidad, La escalera, el genial Bellini, el tributo de Los libros que no quiere nadie y la pérdida de la realidad de ese Loco pero en lugar de Punto y final, pediría punto y seguido para saber que más nos tiene por mostrar Pachón, qué más se le puede pedir a un café. 

"Hay que estar muy loco para saltar desde siete metros al mar sin pensar en como será la caída. Muy loco para tatuarse un dragón alado en la espalda sin miedo a arrepentirse o al que dirán. Muy, pero que muy loco para no ser consciente del peligro de enamorarse y desenamorarse. No hay que estar muy cuerdo, no." 
Isaac Pachón (Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café)

viernes, 15 de julio de 2016

#41 Cajón desastre: Drama lector

Pinterest me ha tocado la fibra: 


he visto esta imagen por la red. 



Twitter me permite compartirla 


Facebook me pregunta en qué estoy pensando, intento decírselo pero lo complica. 

Pretende que escriba a renglón seguido todo lo que me provoca, 

escribir en una línea 
de cuadro de texto 
una frase que se extiende 
y extiende 

para que, 

cuando al fin consigo expresarlo, 
me diga....

no carga. 



Pues bien, aquí estamos, me toca hablar: 


Me siento---- 

 plenamente identificada e injustamente tratada por el servicio recibido en la puerta de acceso a la existencia y por ello pido, ¡qué digo!¡Exijo! el libro de reclamaciones y... ya que están.... [mirada tímida al suelo] si tienen algo por ahí de Chirbes, Murdoch, K. Dick, Williams o alguna lectura tipo.... realista-introsoectivo-psicológica o una buena novela negra o una historia que sorprenda, con algún personaje memorable o en fin, dos vidas y un destino, con eso, palabrita, me conformo, póngale un lazo y para llevar. Muchas gracias y buen día.



Mínimo intentarlo

martes, 12 de julio de 2016

El último vuelo de Poxl West (Daniel Torday)


Y parte de mis historia se convirtió en una historia de remordimientos, una historia sobre las injusticias que había cometido, no en el campo de batalla, sino en mi vida personal.
Empiezo la reseña con esta cita, empiezo con un fin, se trata de la vida de dos personas, podrían ser el adulto y el joven que se representan en la portada, podrían ser  el abuelo y el nieto, el tío y el sobrino o podría descartarse el parentesco y afirmar que los vínculos no siempre responden a tener un lazo sanguíneo, hablamos de Elijah Goldstein y el tío (abuelo-amigo, escritor y piloto) Poxl West

La novela la introduce un prólogo de Elijah un día de enero de 1986 cuando tío Poxl está por casa contando otra de sus historias, justo antes de que la publicación de sus memoria suponga un boom mediático. El libro intercala las intervenciones del adolescente con esa supuesta obra publicada. Escrita en primera persona, estamos ante una novela a dos tiempos y con la percepción de los hechos por los dos personajes mencionados. 

Con Poxl iniciamos en 1938, atisbamos parte de su juventud, la relación con sus padres y el peregrinaje que recorre  hasta considerar que está en el lugar correcto. En medio habrá amor, relaciones y personas que dejan marca. Nos traslada desde una pequeña ciudad de Checoslovaquía, su tierra natal, a Amsterdam y después a Londres. Estos desplazamientos no los motiva exclusivamente la incipiente guerra, este personaje ni si quiera parece inmerso en el contexto sino solo en su propia realidad. Alguien que madura a su ritmo y cuyo pasado lo determina hasta bien alcanzada la edad adulta. Como digo, la contienda está de telón y en la segunda parte de su memorias es donde más palpable queda, cuando se enrola a pilotar y disparar sobre terreno contrario, cuando siente que hay una venganza que aligerar. De todo ello solo queda insistir en que la batalla es interna. 

En definitiva, Poxl es imperfecto y a Elijah le cuesta llegar a percibirlo como el ser humano que es. Acompañamos el proceso de darse cuenta del chico. La cuestión esencial es ligar el mito con la objetividad, aceptar que parte de la visión que tenemos de los otros no es responsabilidad de quien lo cuenta sino de quien lo asume, en definitiva aceptar al otro tal cual es. Esta parte de la novela es la que me ha gustado descubrir, el como los relatos ajenos y las historias pasadas nos absorben el imaginario. La realidad como paso necesario hacia la madurez.  

Se trata de la primera novela de Torday pero el autor ya cuenta en su haber con publicaciones en revistas y una nouvelle previa, además es alguien volcado en la literatura, en su enseñanza y aprendizaje. No es de extrañar por ello que aderecen esta novela algunas referencias literarias y cierto tributo a Shakespeare, porque en eso se asienta, en como encauzamos la vida propia, en como subsistimos a partir de la historia ajena encajada con la nuestra. 

La propia existencia se convierte en un intento de eludir el dolor a cualquier precio, cuando desde el comienzo esa experiencia ha sido la sirena que nos informa de que estamos interactuando con el mundo ya de entrada. ¿Y acaso no es eso la experiencia del nuevo amor: saber que una vez más puede desembocar en el mismo dolor que causó la última vez? 
Daniel Torday (El último vuelo de Poxl West)